He estado dándole muchas vueltas a ciertos aspectos relacionados con la relación de la mujer y su aspecto físico.

Una reflexión que me ha llegado como un flechazo es el cuestionamiento de una idea que me aportaba cierta seguridad: si me depilo, si me maquillo, si me pongo sexy lo hago para mi misma, no para los demás. Es una idea reconfortante, en apariencia, porque nos da sensación de autonomía, de reclamar nuestro cuerpo, de elegir no ser definida por la mirada ajena.
Pero la idea que se cruzó en mi camino es la siguiente: si tuviera un botón que, al presionarlo, hiciera que todes me vieran sexy/guapa/delgada/sin vello/joven cumpliendo todos los requisitos del canon, aunque en realidad mi cuerpo no hubiera cambiado; frente a otro botón que hiciera que te vieras a ti misma cumpliendo todos esos cánones pero los demás te vieran igual, ¿cuál de los dos presionarías?
Se me viene a la cabeza la imagen de Fleabag y su hermana levantando la mano y su frase potente: "si tuviera las tetas más grandes quizás no fuera feminista".
El botoncito de marras revela algo incómodo, pero necesario: sentimos una necesidad enorme de ser vistas, apreciadas, reconocidas, y, ante todo, aceptadas. Ese deseo no es ilegítimo. Pero ese deseo en la mujer tiene detrás una historia oscura.
¿Eso invalida por completo el discurso de lo hago por mi? No creo que lo haga del todo, sigue siendo una herramienta para decir este es mi cuerpo, y con él hago lo que se me venga en gana.Pero no es suficiente, igual que el feminismo liberal no es suficiente.
Falta parte de la verdad.Y la honestidad viene con otro tipo de soluciones y herramientas, nos permite mirar de frente el problema. Para el mi el problema es que la delgadez, la belleza, la depilación sean casi una obligación para ser deseadas, reconocidas y aceptadas en la sociedad. NO es un problema individual, es un problema colectivo.